Disminuye percepción de calidad del agua por tubería vieja
* Destacadas, Salud lunes 12, Ene 2026
- Se deteriora hasta 40% antes de llegar a hogares
- México es el mayor consumidor de agua embotellada del mundo: cada persona bebe entre 244 y 390 litros al año

Aunque el agua potable que sale de las plantas de tratamiento en México cumple con la normatividad vigente, gran parte de ese líquido deja de ser confiable antes de llegar a los hogares. El deterioro de la infraestructura hidráulica, las fugas en las redes de distribución y el mal estado de cisternas y tinacos provocan que el agua se contamine en el trayecto final, lo que ha roto la confianza en su consumo.
La presencia de sarro en electrodomésticos, sedimentos en los vasos, regaderas que se tapan, calentadores que duran menos y agua que huele o sabe “raro”, son algunas manifestaciones de la mala calidad del agua.
La desconfianza en el agua que llega a los hogares tiene un efecto directo y medible: México se ha convertido en el mayor consumidor de agua embotellada del mundo, con entre 244 y 390 litros por persona al año, según EcoHealth; por otro, evidencia la fragilidad de la infraestructura hídrica, donde cerca del 40% del agua potable se pierde por fugas antes de llegar a los usuarios finales, de acuerdo con estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“El agua sale en condiciones óptimas de la planta potabilizadora, pero las tuberías con décadas de antigüedad, hierro galvanizado, materiales corroídos, cemento y asbesto acumulan sedimentos y provocan filtraciones, esto hace que la calidad del agua se deteriore antes de llegar al consumidor”, explica Lucas Barrionuevo, cofundador de Somos PURA, empresa especializada en purificación de agua.
El último tramo
Las redes de distribución son el eslabón más débil del sistema. Fugas, rupturas y conexiones irregulares permiten que contaminantes externos entren en contacto con el agua. A esto se suma el mantenimiento deficiente de las cisternas y tinacos en los hogares, donde el líquido puede permanecer estancado durante días, expuesto a bacterias y partículas de óxido.
Las pérdidas por fugas no solo representan desperdicio también afectan la calidad del agua que sí logra llegar a los hogares, de acuerdo con la UNAM. En zonas como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, el deterioro del sistema también impacta directamente en la percepción ciudadana. En Jalisco, por ejemplo, la satisfacción con la calidad del agua potable cayó de 62.6% a 40.7% en los últimos años.
“Cuando las personas dudan del agua que sale de la llave, la alternativa inmediata es el agua embotellada, con un alto costo ambiental y económico”, señala Leandro Barrionuevo, también cofundador de Somos PURA.
Ante la falta de mantenimiento y la lenta renovación de la infraestructura pública, la purificación en casa se ha convertido en una respuesta al problema. Los sistemas instalados en el hogar actúan justo antes del consumo, eliminando contaminantes físicos, químicos y biológicos, y no solo reducen bacterias: también filtran sedimentos, disminuyen el sarro y mejoran el sabor y el olor del agua. Al intervenir en el punto de uso estos sistemas elevan la experiencia cotidiana y, al mismo tiempo, reducen la dependencia del agua embotellada.
Hoy, la calidad del agua ya no se valida solo en una prueba de laboratorio: se confirma —o se pierde— en el día a día, con el olor al cocinar, en los residuos que quedan en un vaso, en el sarro que se acumula en la regadera.
Este fenómeno también puede leerse desde un punto de vista más amplio. En México, el consumo de agua responde todavía a un modelo lineal: se extrae, se envasa, se transporta, se consume y se desecha. La desconfianza en el agua que llega a los hogares ha sido uno de los principales motores de este esquema.
Por ello, actuar en el punto final del sistema permite cambiar esa dinámica: cuando las personas recuperan control sobre la calidad del agua que consumen, disminuye la dependencia del agua embotellada y, con ello, el volumen de envases plásticos de un solo uso.
Tuberías de hasta 110 años en el centro de CDMX
La capital mexicana, donde conviven diariamente unos 10 millones de personas, tiene 13,000 kilómetros de tuberías. Es una distancia similar a la que hay en línea recta entre esta urbe y Kabul, en Afganistán. El Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) estima que de los 32,000 litros por segundo que recibe la capital, 12.800 no llegan a su destino.
“Es mucha agua; en Europa se pierde alrededor del 15%”, reconoce el ingeniero Arturo Gómez, director de atención a fugas de Sacmex. El robo de líquido mediante conexiones ilegales de comercios y ciudadanos es una parte del problema.
A eso se suma la antigüedad de la red. Las tuberías tienen de media unos 50 años -en el centro histórico llegan a los 110- y apenas el 10% ha sido cambiado. Un sistema así tiene retortijones continuos.












