Se acabó el México arrodillado
Hans Salazar, Opinión domingo 8, Feb 2026Hans Salazar
- “No regresaremos a ser colonia ni protectorado de nadie”
- “México no entrega sus recursos”
- “La historia y la evolución de México son resultado de sus luchas sociales y transformaciones”
- “Defenderemos la soberanía”
- “México es independiente”
Con estas sencillas y contundentes palabras, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, selló el discurso central en la conmemoración del 109 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
El Teatro de la República, en el centro de la ciudad de Querétaro, fue de nuevo la sede que, por más de un siglo, arropa la conjunción de los poderes en toda su amplia dimensión, representados en nuestro país.
En su discurso, antes de la emblemática parte final, refirió los logros alcanzados a lo largo de más de 100 años de la Constitución, y habló también de la necesidad de actualizar leyes y reformas para adecuarlas a los nuevos tiempos de la transformación, con una visión más horizontal: ver más por quienes menos tienen y recuperar al 100 % las funciones del Estado mexicano, con humanismo y bienestar.
Recordó que, a lo largo de 35 años, una noche oscura intentó desaparecer derechos conquistados en la propia Constitución, al referirse al periodo neoliberal, cuando gobernaron priistas y panistas que, lejos de gobernar para todos, privilegiaron a unos cuantos.
Por eso México -insistió- no regresará al pasado; seguirá perfeccionando su tránsito democrático hacia un beneficio social amplio, en todos los sentidos.
“México es, en su esencia, el resultado de transformaciones, y cada transformación dejó una huella: una Constitución no como letra muerta, sino como expresión viva de una lucha popular. Esa es nuestra historia, esa es nuestra fuerza y esa es nuestra responsabilidad: defender a la patria, cuidar la soberanía y hacer realidad la justicia social por la que tantas y tantos entregaron su vida.
“México no se explica sin su pueblo valiente, noble y trabajador, y sin su lucha constante por la soberanía y la independencia”, puntualizó la primera mandataria.
Un poco de historia
Para acercarnos a la comprensión de la Constitución mexicana, hay dos elementos indispensables como referencia. El primero es que fue un documento pensado, razonado y aprobado por las fuerzas políticas representadas en México hace más de un siglo.
La Constitución, así, ponía fin a luchas fratricidas por la conquista del poder, que llevaron a la pérdida de casi un millón de vidas, según algunos historiadores.
En segundo lugar, reconocer que la Constitución mexicana es uno de los primeros documentos de su época en reconocer derechos sociales: aprobar la jornada laboral de ocho horas, establecer que la educación sería laica y gratuita, y recuperar las luchas agrarias impulsadas por campesinos encabezados por Emiliano Zapata y, en otro rubro, Francisco Villa.
Prohibió el trabajo infantil, garantizó la separación del Estado y la Iglesia, la libre expresión y asociación, así como el principio de la no reelección.
Para entender la evolución de la Constitución, hay que anotar que ha sido sometida a múltiples cambios, que, según datos actuales, se acercan a 800 modificaciones.
Así, por ejemplo, se obtuvo el voto de la mujer; se amplió la representación de la oposición en 1976 con la creación de la Ley de Procedimientos Electorales; y se fortaleció al municipio como célula primigenia del Estado mexicano.
Pero no todas las reformas han sido impulsadas únicamente por representantes de partidos políticos según la ideología imperante de cada época. Los movimientos sociales de 1968 y 1971 marcaron un hito por las libertades, el libre tránsito y la libre expresión de ideas, lo que llevó, tiempo después, a que algunas de sus luchas se incorporaran a la Constitución.
Las transformaciones no llegan solas ni son resultado de ideas primigenias o teorías inmaculadas. Todo proceso político razonado pasa por las calles y por la gente; sin su aprobación, no sería posible reforma o modificación constitucional alguna.
Resulta paradójico que la Ciudad de México, como centro neurálgico del país, haya sido quizá el territorio que más impulsó cambios sociales en la vida nacional: derechos civiles, igualdad, lucha contra la discriminación y el racismo; el derecho al aborto asistido por el Estado; la ampliación de la educación gratuita a nivel superior; y mayores apoyos económicos y académicos para estudiantes.
Solo aludimos en esta ocasión que, para entender las reformas a la Constitución, estas son parte de un proceso de evolución. Una evolución que, en algún momento, no fue positiva para quienes menos tienen ni para las mayorías. Un periodo oscuro llamado neoliberalismo, de 1985 a 2018, acompañó parte de reformas que no fueron benéficas para todo el pueblo.
En esta visión, hoy debe decirse que en el último año se gestaron 22 reformas de gran calado, entre las que destacan: la recuperación del litio como bien nacional; la Comisión Federal de Electricidad y Pemex como empresas sociales del Estado al 100 %; los derechos de las personas adultas mayores; las becas para estudiantes de primaria, secundaria y nivel profesional, ahora como programas sociales; el reconocimiento de los pueblos originarios y de las personas con discapacidad; el derecho al agua y su protección; así como la reciente elección del nuevo Poder Judicial y sus magistrados.
Estas reformas ilustran y ofrecen luz para una mejor aplicación y comprensión de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Este 5 de febrero de 2026, vimos al Teatro de la República, en el centro de la ciudad de Querétaro, como fiel reflejo de la vida política y plural del México de hoy.
Los representantes de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo se expresaron con libertad y en tiempo.
Observamos una nueva cultura del comportamiento acorde con los nuevos tiempos que vive México.
Una nueva estampa resurge: la mujer como epicentro en la toma de decisiones políticas. Así vimos a Itzel Castillo, representante de la Cámara de Senadores por Morena; a Kenia López Rabadán, representante de la Cámara de Diputados; y a la presidenta Claudia Sheinbaum, quienes hablaron en nombre de los poderes que representan.
No regresaremos a ser colonia ni protectorado de nadie. México no entrega sus recursos naturales. Su historia y su evolución son resultado de sus luchas sociales y transformaciones.
¡México no se arrodilla, no se rinde y no se vende! ¡Viva México!, Claudia Sheinbaum.
Cárteles armados con balas del Ejército de EE. UU.
La violencia que enfrenta México tiene un origen que no puede seguir ocultándose detrás del discurso de la “responsabilidad compartida”. Investigaciones periodísticas internacionales documentan que municiones fabricadas para el Ejército de Estados Unidos han sido localizadas en escenas de crímenes y enfrentamientos protagonizados por cárteles mexicanos, una realidad que expone una contradicción profunda en la política de seguridad estadounidense .











