“Limpia con huevos” sana con amor lo que la tradición no supo nombrar
* Destacadas, Espectáculos domingo 8, Mar 2026- Entre el amor, el prejuicio y la escucha de madres e hijes
- Entrelaza danza contemporánea, teatro físico y ritualidad mexicana

Nael De Anda dirige “Limpia con huevos”, un ritual escénico donde el cuerpo se convierte en puente entre la madre mexicana y su hijo homosexual.
Por Arturo Arellano
“Limpia con huevos” es una obra que fusiona danza contemporánea, teatro físico y elementos de la tradición popular mexicana para reflexionar sobre los vínculos entre madres e hijes de la comunidad LGBTIQ+. Dirigida y coreografiada por Nael De Anda, la puesta en escena recorre, desde la mirada de Tomás, la relación con su madre y la memoria de su salida del clóset, atravesada por la enfermedad, el miedo y el amor incondicional.
En entrevista con DIARIO IMAGEN, De Anda explica que la obra “habla de las relaciones que tienen las madres con sus hijos e hijas; en este caso, una madre con su hijo homosexual que quiere experimentar su sexualidad y cómo relacionarse con otras personas”. A ese universo íntimo se suma un fuerte componente de misticismo: “está todo este panorama de la magia mexicana, las limpias con huevo, con ruda, la herbolaria; es la manera en la que muchas madres nos cuidan”, apunta.
La pieza es interpretada por Zuleyma Ortíz, Orlando Castellanos, Alexander Sánchez, Mariana Garibay y Raúl Josephe Meléndez, con música original de Alejandro Ávila y diseño de iluminación y escenografía de Ángel Miranda; la coordinación de producción corre a cargo de Paola López, con gestión de Jovani Padilla.
La madre mexicana y sus supersticiones
Capturar la esencia de la madre mexicana fue central en el proceso creativo. De Anda y su equipo realizaron entrevistas con numerosas mujeres para entender cómo se expresa su cuidado cotidiano, particularmente a través de supersticiones y rituales heredados. “Una de las cosas que hacen mucho las mamás mexicanas es advertirnos del gato negro, de no pasar debajo de una escalera, o decirnos que nos hagamos una limpia; esa es su forma de cuidarnos, de amarnos”, comparte.
Desde ese lugar, “Limpia con huevos” no se burla de las creencias, sino que las reinterpreta. El ritual de la limpia —tan arraigado en la cultura popular— se convierte en metáfora del deseo de proteger, aunque muchas veces se haga desde el miedo o la desinformación. En escena, cuerpo y recuerdo dialogan para mostrar a una madre atrapada entre lo que siente y lo que le enseñaron, librando la batalla más difícil: la que sostiene contra sus propios prejuicios.
Cuando el escenario abre diálogos en casa
Aunque la obra parte de una historia específica, su impacto ha rebasado las etiquetas. De Anda cuenta que, al terminar las funciones, “se nos han acercado señoras para decirnos que esta obra les ha ayudado a entablar una conversación con sus hijos, no solo sobre la sexualidad, sino sobre las emociones, la depresión y cómo fomentar una relación sana”. Muchas de ellas, madres de más de 50 o 60 años, encuentran en la pieza un espejo de su propia historia.
“Nos dicen que la obra les hace recordar cosas, que las hace reflexionar. Incluso hay personas que la han visto más de una vez”, señala. Para el creador, ahí se confirma que la misión se está cumpliendo: “aunque la idea inicial era que los hijos se acercaran a sus padres, lo que nos han contado es que son las madres quienes se están acercando a sus hijos”. Ese desplazamiento evidencia que el teatro puede ser un detonador de escucha, sobre todo en generaciones que crecieron sin una educación abierta sobre diversidad sexual.
Cuerpos, biografía y memoria compartida
“Limpia con huevos” es también un ejercicio autobiográfico y colectivo. De Anda retoma episodios de su propia vida, así como experiencias de las y los intérpretes y del equipo de producción, además de la investigación con madres. “A partir de la obra hemos vuelto a reflexionar y escuchamos más a nuestros padres y abuelos, para entenderlos, porque tuvieron otra educación; se trata también de tenerles paciencia y mayor comprensión”, dice.
El dispositivo escénico funciona como una gran limpia emocional: se depuran culpas, silencios y heridas que nunca se nombraron en la mesa familiar. Con ello, la pieza propone un gesto político y afectivo: usar el cuerpo y la memoria como herramientas para sanar los vínculos más cercanos. “Vamos a seguir trabajando en nuevas obras; nos pueden seguir en las redes sociales de OPEM”, adelanta De Anda, subrayando que la compañía continuará explorando temas de identidad, memoria y justicia desde las artes vivas.
Últimas funciones en Tlatelolco
La puesta en escena concluye su temporada con cuatro funciones en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. De acuerdo con la información proporcionada por la compañía, las funciones se realizarán el sábado 14 de marzo a las 13:00 y 15:00 horas, y el domingo 15 de marzo en los mismos horarios, en la sede de Faro Oriente, como parte de la programación de artes escénicas comunitarias.
El montaje se presenta bajo el sello de OPEM A.C. y con el respaldo de programas institucionales de apoyo a la creación, consolidando a la agrupación como una de las voces emergentes que apuestan por un teatro de memoria, diálogo y resiliencia.
Intérpretes de OPEM A.C. dan vida, entre danza y teatro físico, a una obra que ha ayudado a muchas madres a hablar por primera vez con sus hijes sobre identidad y emociones.












