Una reflexión sobre la conciencia, la responsabilidad personal y el poder de participar activamente en nuestra realidad.
Opinión, Salud domingo 19, Jul 2026REGINA
No me pasa, lo elijo
Por Alma Sagrada
Existe una frase que puede transformar profundamente la manera en que observamos nuestra vida: “No me pasa, lo elijo.”
A primera vista podría parecer una afirmación radical. Después de todo, muchas de las circunstancias que vivimos parecen llegar sin invitación: una pérdida, una decepción, una ruptura, un cambio inesperado o una situación que desafía nuestra estabilidad. Sin embargo, desde una mirada terapéutica y holística, esta frase no busca generar culpa, sino despertar conciencia.
Cuando decimos “me pasa”, solemos colocarnos en el papel de espectadores de nuestra propia experiencia. Sentimos que la vida ocurre fuera de nosotros y que únicamente reaccionamos a los acontecimientos. En esa posición, nuestra capacidad de acción disminuye y, con ella, también nuestra sensación de poder personal.
En cambio, cuando comenzamos a preguntarnos qué parte de nosotros participa en la construcción de nuestra realidad, se abre una puerta completamente distinta. Surge entonces la posibilidad de reconocer que nuestras decisiones, pensamientos, emociones, creencias, hábitos y acciones tienen un impacto directo en los resultados que experimentamos.
Esto no significa que elijamos conscientemente cada circunstancia. Muchas veces nuestras elecciones nacen desde lugares profundos que no hemos observado todavía. Patrones familiares, heridas emocionales, aprendizajes de la infancia, creencias limitantes o necesidades inconscientes pueden estar influyendo en aquello que atraemos, sostenemos o repetimos.
Por eso, la diferencia fundamental no está entre lo bueno y lo malo que sucede, sino entre vivirlo desde la inconsciencia o desde la conciencia.
Cuando siento que la vida simplemente me ocurre, pierdo claridad sobre mi participación en ella. Y cuando pierdo claridad, también pierdo estabilidad. Todo parece impredecible, injusto o ajeno a mi capacidad de transformación.
Pero cuando comienzo a reconocer mis elecciones, incluso aquellas que realizo de manera automática, recupero mi centro. Dejo de enfocarme únicamente en lo que sucede afuera y dirijo mi atención hacia aquello que sí puedo observar, comprender y modificar dentro de mí.
La conciencia es, en esencia, una herramienta de libertad.
Cada vez que una persona se pregunta:
- ¿Por qué sigo repitiendo esta experiencia?
- ¿Qué estoy aprendiendo de esta situación?
- ¿Qué necesidad está intentando satisfacer este comportamiento?
- ¿Qué parte de mí está participando en este resultado?
Está dando un paso hacia una vida más consciente.
Desde la visión integral que promueve Alma Sagrada, la realidad no es un fenómeno aislado. Es el resultado de la interacción constante entre nuestros cuatro cuerpos: mental, emocional, físico y energético. Lo que pensamos influye en lo que sentimos; lo que sentimos impacta en nuestras decisiones; nuestras decisiones generan acciones; y nuestras acciones producen consecuencias.
Por ello, la transformación auténtica no comienza cambiando las circunstancias externas. Comienza desarrollando la capacidad de observarnos con honestidad.
La conciencia no siempre resulta cómoda. En ocasiones implica reconocer responsabilidades que antes atribuíamos al destino, a la suerte o a los demás. Sin embargo, también es el camino que nos devuelve la capacidad de elegir.
Y cuando elegimos conscientemente, algo extraordinario ocurre: dejamos de reaccionar a la vida y comenzamos a participar activamente en ella.
La persona consciente no busca controlar todo lo que sucede. Comprende que existen acontecimientos que escapan a su voluntad. Lo que sí reconoce es que siempre puede elegir la manera en que interpreta, procesa y responde a cada experiencia.
Ahí reside su verdadero poder.
Por ello, tal vez una de las preguntas más valiosas que podemos hacernos cada día no sea “¿Por qué me está pasando esto?”, sino:
“¿Qué estoy eligiendo hoy que está construyendo mi realidad de mañana?”
Porque cuando dejamos de vivir desde el “me pasa” y comenzamos a habitar el “lo elijo”, la vida deja de ser un escenario que observamos desde la distancia y se convierte en una obra en la que participamos conscientemente.
Y en esa participación consciente nace la posibilidad de un desarrollo más profundo, más preciso y más alineado con quienes realmente somos.
C O M U N I C A T E
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