42 Kilómetros hacia el interior en el Maratón de la CDMX
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- El asfalto no solo prueba la resistencia física, sino la arquitectura mental de miles de corredores

La preparación para un maratón demanda un equilibrio entre la resistencia física y la fortaleza mental, pilares que se consolidan en la última semana previa a la competencia.
Por Arturo Arellano
Más allá del agotamiento muscular y los meses de preparación rigurosa, el Maratón Internacional de la Ciudad de México se convierte en un espejo emocional; especialistas explican cómo el atletismo de fondo regula la mente y qué herramientas cognitivas blindan al corredor a una semana de la gran cita.
Hoy desperté nostálgico. Cargaba en los hombros ese peso invisible que dejan semanas enteras de levantarse de madrugada, de sumar kilómetros de lunes a domingo, de convivir con piernas adoloridas y negociar a diario con la fatiga acumulada del cuerpo. Sin embargo, al cruzar la Avenida de los Insurgentes, mi estado de ánimo dio un vuelco positivo absoluto: sobre el pavimento ya descansa la emblemática línea rosa que traza la ruta del Maratón hacia el Zócalo.
Esa simple franja pintada en el asfalto transformó el cansancio en una certeza electrizante. Cada molestia física, cada sesión en la que el cuerpo pedía tregua y cada entrenamiento completado entre seis y siete días por semana cobraron sentido en un instante. El programa está concluido; la obra física está hecha. La nostalgia mutó en gratitud y en esa emoción pura que solo entiende quien está a punto de colocarse en la línea de salida el próximo 30 de agosto en Ciudad Universitaria.
De la intuición de 1983 a la Etiqueta Oro
El Maratón Internacional de la Ciudad de México no siempre fue el evento multitudinario y certificado que conocemos hoy. Su primera edición oficial se corrió el 25 de septiembre de 1983, convocando a poco más de siete mil entusiastas. Aquella prueba pionera partió del Autódromo Hermanos Rodríguez y culminó en el Monumento a la Revolución, coronando a los atletas mexicanos Casimiro Reyes (2h29:35) y María del Carmen Cárdenas (3h05:29).
A lo largo de más de cuatro décadas, la justa ha superado sismos, transformaciones de ruta y cambios de paradigma. En sus inicios, el valor radicaba en la cantidad de participantes que tomaban la salida; con los años, evolucionó hacia una prueba de alta exigencia atlética y logística. Hoy, consolidado con la prestigiosa Etiqueta Oro de World Athletics, el maratón capitalino desafía a decenas de miles de atletas no solo con su altitud (a más de 2,240 metros sobre el nivel del mar), sino con un trazado que exige una madurez mental inquebrantable.
La mente sobre el asfalto: salud mental y neurobiología del fondo
El atletismo de larga distancia trasciende el acondicionamiento cardiovascular; funciona como un laboratorio de regulación emocional y psicológica.
Desde la neuropsicología, el esfuerzo prolongado activa el sistema endocannabinoide y la liberación de endorfinas y dopamina, mediadores químicos fundamentales en la reducción de la reactividad al estrés y la inducción de estados de bienestar sostenido. No obstante, el impacto más profundo ocurre en el terreno cognitivo.
La Teoría de la Autoeficacia de Albert Bandura explica cómo el entrenamiento estructurado fortalece la creencia del individuo en su propia capacidad para superar tareas complejas. Cada distancia larga completada refuerza la autoeficacia percibida, generando una transferencia directa hacia la vida cotidiana: quien aprende a gestionar la incomodidad del kilómetro 30 desarrolla resiliencia ante las crisis laborales o personales.
Asimismo, el concepto de Flujo (Flow) postulado por Mihaly Csikszentmihalyi describe el estado óptimo donde la atención del atleta se sincroniza plenamente con la acción presente, silenciando el diálogo interno rumiante y disminuyendo significativamente los síntomas asociados a la ansiedad y el estrés crónico. Correr distancias de fondo se convierte así en una práctica de atención plena en movimiento (mindfulness dinámico), donde el foco atencional se ancla en el ritmo respiratorio y el apoyo plantar.
La semana previa: gestión del tapering y neurosis precompetitiva
A escasos días de la prueba, el mayor desafío ya no es físico, sino psicológico. Durante la fase de descarga (tapering), la reducción del volumen de entrenamiento suele detonar un fenómeno común: la ansiedad precompetitiva y el miedo al fallo.
El Modelo de Estrés y Afrontamiento de Richard Lazarus y Susan Folkman señala que la ansiedad surge cuando la persona evalúa la demanda del entorno (42.195 km) como superior a sus propios recursos. En esta última semana, el corredor experimenta hipervigilancia corporal: cualquier punzada menor se interpreta erróneamente como una lesión inminente (catastrofismo cognitivo).
Para neutralizar estas distorsiones a nivel deportivo, físico y mental, se recomiendan tres ejes de intervención:
Higiene física y deportiva: Reducir drásticamente la intensidad, priorizar el sueño reparador (al menos 8 horas) y asegurar una adecuada carga de carbohidratos e hidratación sin experimentar con alimentos nuevos.
Reestructuración cognitiva: Sustituir pensamientos anticipatorios catastrofistas («¿Y si me acalambro?») por autoafirmaciones basadas en evidencia empírica («Completé 20 semanas de entrenamiento; mi cuerpo sabe qué hacer»).
Técnicas de regulación somática: Emplear respiración diafragmática (inhalación en 4 tiempos, exhalación en 6) y visualización guiada. De acuerdo con la Teoría del Ensayo Mental, repasar internamente momentos clave de la carrera —mantener la calma en el paso por Reforma o cruzar la meta en el Zócalo— reduce la activación del sistema nervioso simpático y afianza la confianza.
La antesala logística comenzará formalmente este próximo jueves 27, viernes 28 y sábado 29 de agosto, días en que se llevará a cabo la tradicional Expo y entrega de kits en el World Trade Center (WTC) de la Ciudad de México.
Los corredores deberán acudir de manera personal con su identificación oficial vigente y comprobante de inscripción para recoger su número, chip y camiseta oficial. La recomendación psicológica para esta visita es evitar caminatas prolongadas por la expo: recoger el paquete con serenidad, verificar los datos del chip y regresar a descansar.
El agradecimiento de los más de mil km
Quedan muy pocas horas para escuchar el disparo de salida. A todos los que compartirán la ruta este 30 de agosto: abracen esta última semana. Permítanse saborear cada minuto previo, libres de fantasmas y de escenarios catastróficos. La mente suele jugar trucos cuando el cuerpo descansa, pero recuerden que el trabajo duro no se evapora: está grabado en los músculos, en los pulmones y en el carácter forjado durante meses, y con los más de ml kilometros cumulados de entrenamiento.
Es momento de agradecer. Agradecer al cuerpo por su nobleza y resistencia, a la vida, a la naturaleza y a Dios, que en suma nos permiten estar enteros frente a este reto. No busquen controlar lo incontrolable; confíen en el proceso. Cuando estén en la salida frente a Rectoría, disfruten cada kilómetro, sientan el latido colectivo de la ciudad y corran con la tranquilidad de quien ya venció la prueba más difícil: la de no rendirse en el camino.












