Desvisten a Somos México, pero sigue adelante la “marea rosa”
Miguel Ángel Rivera, Opinión jueves 27, Ago 2026CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
“El que de ajeno se viste, en la calle lo desvisten”, dice un viejo adagio popular y aunque no es precisamente el caso, eso le aplicaron los oficialistas Instituto (INE) y Tribunal (TEPJF) electorales al “recién nacido” partido político nacional Somos México.
El despojo (sinónimo de desvestir) se explicó con un lenguaje críptico supuestamente jurídico. En junio pasado, el Consejo General del INE determinó que la denominación “Somos México” no es una expresión neutral, “sino una composición de palabras con carga semántica y pragmática que transmite al electorado una idea de pertenencia o vinculación entre el instituto político y la totalidad de la nación mexicana”.
En cuanto al emblema, el INE dijo que el nuevo partido, autorizado por los mismos consejeros electorales, no podía usar las letras MX porque se generaría una confusión en la ciudadanía sobre la identidad, naturaleza jurídica y respaldo institucional de la organización, “ya que induce a creer que cuenta con vinculación o respaldo del Estado mexicano” (el único autorizado para presumir ese apoyo es el partido oficial, Morena).
Además, los consejeros electorales determinaron que el color elegido para identificarse (rosa mexicano) es similar al de un partido con registros locales.
La dirigencia del nuevo partido con registro oficial, encabezada por el experimentado luchador de izquierda Guadalupe Acosta Naranjo impugnó la resolución ante el Tribunal Electoral, la máxima autoridad en la materia, pero ya se sabe que la mayoría de los magistrados responde a las mismas inclinaciones de los consejeros electorales y el fallo fue contrario a la nueva organización
Los magistrados resolvieron que Somos México no tiene prohibido el uso de la palabra ‘México’ en la definición de su nuevo nombre; pero la Sala Superior pidió “incorporar un elemento sustantivo propio o modificar la relación lingüística para expresar pertenencia, sin presentarse como equivalente a la Nación en sí”.
La traducción de ese galimatías precisa que el nuevo partido
tendrá que cambiar, antes del 31 de agosto su nombre, emblema y colores.
Con cuatro votos a favor y uno en contra del magistrado Reyes Rodríguez Mondragón (el máximo tribunal está incompleto, pues dos magistradas renunciaron de manera anticipada y el Senado no se ha preocupado por llenar los huecos), dicha Sala Superior concluyó que la denominación Somos México “no cumple plenamente la función legal de caracterizar al partido político”, es decir, su nombre, emblema y colores no son suficientes para diferenciar a la fuerza política como “una opción específica dentro del sistema plural de partidos”. Lo que no consideraron los magistrados es que el partido nació de lo que se conoció como “marea rosa”, la cual promovió como candidata presidencial a la ex senadora Xóchitl Gálvez en oposición a la actual presidenta (con A) Claudia Sheinbaum Pardo.
Después de la sentencia del máximo tribunal en materia electoral, cuyos fallos son inapelables, la dirigencia del nuevo partido presidida por el mencionado Acosta Naranjo, pero que incluye a figuras destacadas de la política nacional como Cecilia Guadalupe Soto González:, que ocupa la Secretaría General, así como del luchador en defensa de los derechos humanos Emilio Álvarez Icaza, designado representante propietario ante el INE, y el ex consejero electoral Marco Antonio Baños Martínez, no tuvo más remedio que acatar la sentencia y buscar nuevos derroteros.
En cumplimiento del fallo del Tribunal Electoral, aunque lo consideró “un atropello”, el presidente del partido hasta ayer nombrado Somos México, dio a conocer el nuevo nombre y logotipo ante el INE. Presentó en la Oficialía de Partes del INE la propuesta del nuevo nombre: ‘SOMOS’ y logotipo, el cual consiste en el trazo territorial de México, en color blanco y negro, con el nuevo nombre encima.
Sin embargo, la organización conservó el color rosa, a pesar de que fue uno de los motivos por el cual se le solicitó el cambio.
“Somos México considera inadmisible que en la Sala Superior del Tribunal Electoral se obligue a modificar nuestro nombre, emblema y colores mediante argumentos distintos a los utilizados originalmente por el INE bajo el supuesto de ‘neutralidad semántica’”, reiteró Acosta Naranjo.
Conservar el color tiene fudamento, pues como mencioné, el nuevo partido nace de lo que nacionalmente se conoció como la “marea rosa”.
Con todo y ser importante, ese no es el principal problema para Somos. Esto porque sus dirigentes se han declarado convencidos de que la única forma de superar a la alianza gobernante encabezada por Morena es crear un amplio frente opositor que acabe con la mayoría calificada que le ha perimtido al oficialismo modificar a su antojo la Constitución.
Por cierto, esa mayoría calificada se tambalea en el Senado, donde la ventaja es muy exigua, y no por embates de la oposición, sino conflictos internos en las filas oficiales.
El total de senadores del bloque oficialista está integrado por 87 legisladores, apenas uno más del mínimo necesario para reunir esa mayoría calificada en caso de que asista a las sesiones el total de 128 de esa Cámara.
Esa cantidad queda reducida por la separación del senador por Sinaloa, Enrique Inzunza Cázares, persegido por la justicia de los Estados Unidos, que ha solicitado a México su captura con fines de extradición. En un principio, el gobierno de la llamada Cuarta Transformación defendió a Inzunza, que forma parte del grupo de diez personas, encabezado por el gobernador por segunda vez con licencia, Rubén Rocha Moya.
Como parte de esa protección, supuestamente porque las autoridades estadunidenses no presentaron pruebas para demostrar la culpabilidad de los funcionarios acusados de encubrir a organizaciones de narcotraficantes, Inzunza conservó su escaño y con ello el fuero que impide ser juzgado como ciudadano común. Tanto fue el buen trato, que se le permitió dejar se asistir durante más de cuatro meses, pero cobró puntualmente sus dietas.
Esto se acabó repentinamente, a raíz de que –aparentemente sin autorización de los altos mandos de la llamada Cuarta Transformación– Rocha Moya reasumió su cargo de gobernador, posición que le duró menos de dos días, pues entonces sí hubo señales “desde arriba”, y tuvo que solicitar nueva licencia.
Peor le fue al que había sido su secretario general de Gobierno y ahora senador, el referido Inzunza, pues prácticamente fue expulsado de Morena, aunque según otras versiones, fue el legislador el que renunció y se separó del grupo parlamentario del partido oficial, pero sin renunciar, para seguir con la protección del fuero.
La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, no precisó si habían expulsado al senador, pero deslindó a su partido, «A partir de hoy, él tomó la decisión de separarse del grupo parlamentario de Morena y actuar como senador independiente, por lo cual desde ahora sus opiniones y sus acciones serán exclusivamente bajo su actividad personal… no será responsabilidad nuestra sus expresiones, sus acciones», expresó.
La presidenta del partido oficial señaló que Inzunza no dio aviso previo a Movimiento de Regeneración Nacional de que se separaría de la bancada en el Senado, e indicó que hubiera sido preferible que pidiera licencia al cargo «para sujetarse a las investigaciones». Ahora bien, si Inzunza dejó de pertenecer a la bancada de Morena ¿para quién serán sus votos?
Aparte del hueco dejado por el ex funcionario sinaloense ¿no fue la Fiscalía General de la República (FGR) la encargada de realizar las investigaciones para determinar si se justifica la demanda estadunidense de entregar a ese grupo?. La “eficiente y autónoma” institución conducida por la “fiscal carnal” Ernestina Godoy determinó que no existe delito qué perseguir.
Otro voto que podría perder Morena en el Senado es el de la tránsfuga senadora, antes del PRI, Cynthia López Castro, quien pretende abandonar su curul para hacer campaña para alcaldesa de Cuauhtémoc en la Ciudad de México.
Morena tiene gran interés recuperar esa alcaldía donde están el Palacio Nacional y otros sitios históricos, pero dejar en libertad a la ex priista significaría reducir su número en el Senado y correr el riesgo de perder votaciones, pues la suplente de López Castro es del tricolor.












