Si no es ahora, ¿cuándo?
Opinión, Salud domingo 27, Sep 2026REGINA
Vivimos pensando que habrá un momento mejor.
Cuando tengamos más tiempo. Cuando llegue el dinero. Cuando termine esta etapa. Cuando nos sintamos preparados. Cuando disminuya el miedo. Cuando las circunstancias sean más favorables.
Y mientras esperamos ese escenario ideal, sucede algo que pocas veces advertimos: la vida está pasando mientras nosotros la estamos planeando.
Proyectar el futuro es necesario. Nos permite construir objetivos, organizar nuestros recursos y darle dirección a lo que deseamos. El problema comienza cuando la planeación se convierte en una manera de posponer la experiencia de vivir.
Porque el presente no es solamente un puente hacia algo que vendrá después. El presente es el lugar donde la vida realmente ocurre.
La trampa de esperar a estar listos
Muchas decisiones importantes no llegan acompañadas de absoluta seguridad.
Comenzar un proyecto, cambiar un hábito, cuidar nuestra salud, estudiar algo nuevo, pedir ayuda, expresar lo que sentimos, poner un límite, reconciliarnos con nosotros mismos o simplemente atrevernos a hacer aquello que llevamos años postergando puede generar incertidumbre.
Desde una perspectiva terapéutica, es importante comprender que sentir miedo no necesariamente significa que debamos detenernos. En ocasiones significa simplemente que estamos frente a algo nuevo.
Esperar a que desaparezcan todas nuestras dudas puede convertirse en una espera interminable.
Quizá la pregunta no sea: “¿Cuándo estaré completamente preparado?”
Quizá sea: “¿Qué puedo hacer hoy con lo que tengo y desde donde estoy?”
Un paso también es movimiento
Tomar acción no significa resolver nuestra vida entera en un día.
Hay una enorme diferencia entre querer transformar todo inmediatamente y comprometernos con una pequeña acción cotidiana.
Una llamada.
Una conversación pendiente.
Treinta minutos dedicados a ese proyecto.
Una inscripción.
Una caminata.
Una página escrita.
Una decisión que llevamos meses evitando.
Los grandes procesos rara vez ocurren mediante un solo acto extraordinario. Se construyen mediante pequeñas decisiones sostenidas.
Un paso a la vez. Con firmeza, congruencia y constancia.
Firmeza para recordar hacia dónde queremos dirigirnos.
Congruencia para procurar que nuestras acciones correspondan con aquello que decimos querer.
Y constancia para continuar incluso aquellos días en los que la motivación no aparece.
La vida no comienza después
Existe una idea que puede acompañarnos durante años: pensar que nuestra verdadera vida comenzará cuando alcancemos determinada meta.
Cuando tengamos esa casa. Ese trabajo. Esa relación. Ese cuerpo. Ese viaje. Esa estabilidad. Ese reconocimiento.
Pero llegar a una meta solamente nos conduce a otro momento presente.
Por eso resulta necesario aprender a construir el futuro sin sacrificar la experiencia del ahora.
Mirar a quienes tenemos enfrente. Disfrutar una comida. Escuchar verdaderamente una conversación. Reconocer nuestro cuerpo. Agradecer aquello que sí existe. Decir lo que necesitamos decir. Comenzar aquello que hemos postergado.
No porque mañana necesariamente vaya a faltar, sino porque hoy ya está aquí.
El único momento sobre el que podemos actuar
No podemos intervenir directamente en el ayer: podemos comprenderlo, resignificarlo y aprender de él.
Tampoco podemos controlar completamente el mañana: podemos proyectarlo, prepararnos y tomar decisiones que aumenten nuestras posibilidades.
Pero existe un territorio en el que nuestra capacidad de acción es real: este momento.
Tal vez no podamos transformar nuestra vida completa hoy.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Cuál es el siguiente paso posible?
Y hacerlo.
Después vendrá otro.
Porque vivir conscientemente no consiste en correr para llegar antes. Consiste en dejar de permanecer inmóviles esperando el momento perfecto.
El momento perfecto quizá nunca exista.
El momento posible, en cambio, está ocurriendo ahora.
Si no es ahora, ¿cuándo?
Por Regina de los Ríos
Psicoterapia · Alma Sagrada
Alíñate a tu presente.















