De la guinda al calendario azteca: la historia de los jerseys mundialistas del Tri
* Destacadas, Deportes, Mundial 2026 miércoles 3, Jun 2026- A días de que ruede el balón en el Mundial de 2026
- México vuelve a vestirse de verde y a mirar al pasado en busca de certezas

De la camisa guinda al verde eterno: los primeros jerseys mundialistas del Tri marcados por derrotas, pero también por el nacimiento de una identidad propia.
Por Arturo Arellano
En las vísperas del Mundial de 2026, mientras se anuncian listas preliminares, nuevos patrocinadores y presentaciones espectaculares de camisetas, hay algo que no cambia: la playera de la Selección Mexicana sigue siendo una segunda piel para millones de personas. En un país acostumbrado a que la realidad pegue más duro que cualquier marcador, existe un aferramiento al jersey como si fuera un escudo, una bandera y a veces un consuelo.
Cada Mundial reorganiza la memoria en nuestra cabeza: no recordamos tanto el año, sino “el del jersey guinda”, “el del verde limón”, “el de la V blanca”, “el del calendario azteca”. Los colores y patrones se mezclan con escenas sueltas: la tijera de Negrete, el gol de Luis Hernández a Alemania, las atajadas imposibles de Campos, el “no era penal” tatuado en la garganta.
Y ahora, otra vez, México será anfitrión junto a Estados Unidos y Canadá, con una nueva camiseta que mira de reojo a 1998, como si la Federación entendiera que, cuando el presente genera dudas, la nostalgia vende más que cualquier promesa. El uniforme se renueva; pero la incertidumbre, la duda y la desconfianza, también. Porque el verde dejó de ser esperanza para un gran sector de la afición.
De la guinda al verde eterno (Uruguay 1930 – Suecia 1958)
En los primeros Mundiales que jugó México —Uruguay 1930, Brasil 1950 y Suiza 1954— la camiseta no era verde, sino guinda, con cuello tipo polo, cordones o botones, y un escudo sencillo con la bandera tricolor y la palabra “México” al pecho. Era una camisa de manga larga, más cercana a la ropa de calle que a la indumentaria técnica que hoy asociamos al fútbol de élite.
En Suecia 1958 llega el gran giro cromático: México estrena la primera camiseta verde en un Mundial, combinada con shorts blancos y medias verdes, configuración que terminará consolidándose como la imagen clásica del Tri. Ese cambio de color coincide con la consolidación de Antonio “La Tota” Carbajal, el portero que acabará disputando cinco Copas del Mundo entre 1950 y 1966, ganándose para siempre el apodo del “Cinco Copas”.
En términos deportivos, aquellos Mundiales fueron duros: goleadas en contra, muchas derrotas y ningún pase a la siguiente ronda, pero la camisa guinda y el nacimiento del verde quedaron como fotos sepia del origen del seleccionado.
Primer triunfo y ajustes (Chile 1962 e Inglaterra 1966)
En Chile 1962, México mantiene el verde pero introduce detalles tricolores en el cuello en “V”, un guiño al orgullo nacional que empieza a tomar forma en el uniforme. Con esa playera, el Tri consigue su primera victoria mundialista, un 3-1 histórico contra Checoslovaquia, que si bien no alcanza para avanzar de grupo, rompe simbólicamente la maldición de las goleadas.
Para Inglaterra 1966, el cuello se vuelve redondo y el escudo adopta forma de rombo con la bandera tricolor y la palabra “México”, manteniendo el verde bandera pero puliendo la identidad visual. “La Tota” Carbajal sigue bajo los tres palos, cerrando una carrera mundialista inédita de cinco torneos, mientras la Selección continúa rezagada en resultados, pero más definida en imagen.
México 70: anfitriones con Rigg y la ilusión en el pecho
En el primer Mundial organizado en casa, México 1970, la marca Rigg viste a la Selección con un diseño sobrio: camiseta verde, cuello en V con vivos verdes, blancos y rojos tipo resorte en la manga y el escudo con el águila al lado izquierdo. Es una playera sencilla, pero cargada de contexto: el país abre sus estadios al mundo y el Estadio Azteca se convierte en templo futbolero.
En la cancha, aquella Selección con figuras como Enrique Borja llega por primera vez a cuartos de final, cayendo ante una poderosa Italia, pero dejando la sensación de que México podía competir más allá de la fase de grupos. El jersey Rigg de 1970 se vuelve una pieza de culto entre coleccionistas, precisamente porque sintetiza elegancia, localía y un primer gran Mundial como anfitrión.
De Levi’s a Adidas mundialista(Argentina 1978 y México 1986)
En Argentina 1978, la marca Levi’s firma un uniforme con verde más oscuro, líneas blancas y rojas en hombros y mangas y cuello blanco, un diseño llamativo que rompe con la sobriedad de 1970. Los resultados, sin embargo, son discretos: México queda eliminado en fase de grupos, sin victorias, lo que hace que el jersey sea recordado más por su estética extraña que por hazañas en la cancha.
El salto grande llega en México 1986: por segunda vez anfitrión, el Tri estrena patrocinio de Adidas, con cuello polo blanco, las tres franjas en las mangas y un escudo en blanco y oro que moderniza la imagen del equipo. Ese uniforme queda ligado a dos postales eternas: la tijera de Manuel Negrete contra Bulgaria y la figura de Hugo Sánchez, símbolo de una generación que por fin vuelve a instalarse en cuartos de final, donde queda eliminada en penales ante Alemania.
Bajo los postes, los jerseys de portero de 1986 también evolucionan, con combinaciones de colores más atrevidas y diseños específicos para el guardameta, preludio de lo que vendría con Jorge Campos años después.
Umbro 94: figuras abstractas y drama en penales
En Estados Unidos 1994, Umbro se hace cargo del uniforme y propone un verde distinto, decorado con figuras abstractas y vivos en rojo, acompañado de cuello tipo polo blanco y shorts blancos con medias rojas. Es una camiseta muy noventera, con un aire de ruptura respecto a la década anterior, que será recordada tanto por su diseño como por el dolor de quedar eliminados por Bulgaria en penales en octavos de final.
El jersey de portero empieza a ganar protagonismo: los modelos de Campos, todavía menos estridentes que los de 1998, ya juegan con bloques de color y patrones poco convencionales para el puesto. A nivel memoria colectiva, el Umbro 94 es el uniforme que abre la racha contemporánea del “siempre nos quedamos en octavos”, un patrón narrativo que la afición repetirá casi como maldición durante décadas.
Aba Sport y la Piedra del Sol: Francia 98
Francia 1998 marca un antes y un después en la historia de los jerseys del Tri. La marca mexicana Aba Sport diseña una camiseta tipo polo, verde intenso, con cuello blanco de detalles rojos y, sobre todo, un patrón sublimado de la Piedra del Sol (muchos la llaman calendario azteca) ocupando todo el frente.
La historia del diseño es casi de leyenda: el boceto se hizo en unos 30 minutos por el diseñador Ricardo Guzmán, una vez que Aba Sport confirmó que había ganado la licitación frente a gigantes como Nike y Adidas. La camiseta rompía todos los moldes: un símbolo prehispánico enorme, casi de mural, sobre el pecho de los jugadores, en una época en la que la mayoría de selecciones usaban diseños discretos. Con el tiempo, esa playera entró en rankings internacionales de las 50 camisetas más bonitas de la historia del futbol.
En la cancha, el jersey queda ligado a momentos imborrables: el gol de Cuauhtémoc Blanco a Bélgica, el cabezazo feroz de Luis “El Matador” Hernández a Alemania y el equipo que muchos, incluido el propio Blanco, consideran una de las mejores selecciones mexicanas de la historia. Luis Hernández terminaría ese Mundial con cuatro goles, cifra que lo consagra como máximo anotador mexicano en Copas del Mundo, todos marcados precisamente en Francia 98.
Los uniformes de portero de Campos en ese torneo, multicolores, con figuras geométricas y combinaciones fosforescentes, fueron otra revolución: el propio Jorge diseñaba muchos de sus conjuntos, desafiando los códigos tradicionales del puesto y convirtiéndose en icono global de la memoria futbolera noventera.
Atlética 2002: sobriedad y golpe de realidad
En Corea–Japón 2002, el Tri viste por la marca Atlética, con una camiseta de verde oscuro, líneas rojas que salen del cuello hacia el pecho y costados en un verde olivo más intenso, en un diseño sobrio y equilibrado. México vuelve a pasar la fase de grupos, pero se topa con Estados Unidos en octavos y queda eliminado, inaugurando otra herida difícil de olvidar.
El uniforme no tiene la estridencia de 1998 ni la innovación gráfica de años posteriores, pero para muchos representa el último gran jersey “nacional” antes de la era de las multinacionales.
Nike 2006: la V blanca y los ecos prehispánicos
Alemania 2006 trae un cambio fuerte: Nike se hace cargo del uniforme y propone un diseño elegante con verde claro, una franja blanca en forma de “V” en el pecho y detalles rojos en el cuello. Dentro de esa V se incorporan motivos prehispánicos discretos, un guiño gráfico que intenta conectar con la identidad cultural sin llegar a la exuberancia de Aba Sport.
En lo deportivo, México vuelve a llegar a octavos y cae ante Argentina, con otra eliminación dolorosa que se suma al archivo emocional del Tri. El jersey Nike 2006 suele ser recordado como una de las camisetas más sobrias y elegantes, muy apreciada entre quienes prefieren el diseño limpio sobre los patrones recargados.
Adidas y la era moderna: 2010, 2014, 2018 y 2022
A partir de 2007, Adidas toma definitivamente el control de la indumentaria de la Selección Mexicana y no lo suelta hasta la actualidad. En Sudáfrica 2010, la marca alemana lanza un verde brillante con detalles en rojo y un patrón sublimado de plumas que alude a los caballeros águila, con cuello blanco y remates rojos. El Tri llega otra vez a octavos y vuelve a caer con Argentina, alimentando el mito del famoso “quinto partido” que no llega.
Brasil 2014 trae un diseño muy particular: un verde intenso con líneas finas que forman una especie de “M” en el pecho, un guiño a la lucha libre mexicana, combinado con las tres franjas blancas de Adidas. Ese jersey queda marcado por la gran actuación de Guillermo Ochoa ante Brasil, con atajadas espectaculares, y por la eliminación ante Países Bajos con el eterno grito de “no era penal”.
En Rusia 2018, la camiseta apuesta por un verde sobrio con patrón de rombos y líneas más claras en los costados, detalles blancos y un rojo cercano al guinda. Con esa playera, Hirving “Chucky” Lozano anota el gol que tumba a la campeona del mundo, Alemania, en fase de grupos, probablemente el momento más eufórico del Tri en tiempos recientes. Sin embargo, México vuelve a quedar fuera en octavos.
Qatar 2022 representa un punto de quiebre: se estrena un nuevo escudo minimalista con águila de perfil sobre círculo blanco, integrado a un jersey verde con patrones inspirados en plumas, pero el equipo se queda fuera en fase de grupos por primera vez desde 1978. El contraste es brutal: la camiseta es moderna y cargada de símbolos, pero los resultados no acompañan, dejando una sensación de ruptura entre imagen y rendimiento.
México–EEUU–Canadá 2026: la armadura de la incertidumbre
La nueva camiseta para el Mundial de 2026 retoma el verde tradicional, con las tres franjas de Adidas en los hombros, un escudo tipo holograma y una figura central inspirada en la Piedra del Sol, muy similar a la referencia prehispánica empleada en 1998. Detalles en cuello y puños en blanco y rojo terminan de armar una especie de “armadura” tricolor, que claramente busca activar la nostalgia de aquellos años en los que el Tri jugaba sin complejos a tú por tú ante potencias.
En la narrativa oficial, es “la armadura para el tercer Mundial en casa”; en la narrativa de la gente, es un intento de reconciliarse con una afición que llega a 2026 con más dudas que certezas sobre el funcionamiento del equipo. El diseño es potente, cargado de símbolos, pero el verdadero peso de esa camiseta se escribirá en la cancha… o se quedará, como algunas anteriores, atrapado en el universo de lo que “pudo ser”.
La camiseta que me viste la memoria
Si me obligan a elegir, no tengo duda: mi jersey favorito de la Selección Mexicana es el de Francia 98, el de Aba Sport, ese que lleva la Piedra del Sol ocupando todo el pecho. Y no es solo por el diseño —que fue tan radical que hoy sigue estando en listas de las camisetas más bonitas de la historia—, sino por todo lo que arrastra: la voz de los narradores, el pelo rubio de Luis Hernández, el trote único de Cuauhtémoc Blanco, el grito contenido contra Alemania.
Esa camiseta condensa una Selección que jugaba con garra y autoridad, que se plantaba sin complejo frente a grandes rivales y que hizo creer a medio país que el quinto partido estaba a minutos de distancia. No era un Tri perfecto, pero transmitía algo que hoy extrañamos: la sensación de que el equipo podía, que el uniforme no solo era un diseño bonito, sino una promesa de carácter.
Cuando miro el presente, con un nuevo jersey que intenta reciclar símbolos prehispánicos y la nostalgia del verde, siento que vivimos más de recuerdos que de certezas. La Selección llega a 2026 entre la incertidumbre y el deseo permanente de mejorar, pero sin resultados que respalden el discurso: otro entrenador, otro “proceso”, otro hashtag, y la misma angustia de siempre en el minuto 85.
Quizá por eso sigo volviendo al calendario azteca en el pecho: porque ahí me reconozco en una versión de México que no tenía miedo de enfrentar a Holanda, Alemania o quien se cruzara. Ese jersey de Francia 98 no solo me gusta; me recuerda que alguna vez el Tri hizo que, por noventa minutos, la camiseta fuera más grande que las dudas.












