Este 8 de julio, aniversario de “el golpe a Excélsior”, confirma: 50 años sí son muchos
Miguel Ángel Rivera, Opinión miércoles 8, Jul 2026CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
“El jueves 8 de julio de 1976 la historia del periodismo en México cambió y el país, también.
Lo que se conoce como “El golpe a Excélsior” marcó una línea divisoria entre el quehacer periodístico de ese momento y el que devendría.
Ahora, a 43 años de distancia, cientos de miles de cuartillas se han escrito acerca de la implementación del “golpe”, organizado por el presidente Luis Echeverría, con la mano ejecutora de Regino Díaz Redondo. La maniobra del 10 de junio de ese año, al invadir los terrenos de Paseos de Taxqueña, desarrollo urbanístico propiedad desde hacía décadas a la cooperativa de Excélsior y donde la idea era edificar casas para sus trabajadores.
“La madrugada de ese 8 de julio, en compañía de Laura Medina y de Roberto Martínez Maestre, en los talleres del diario, vimos llegar en tropel a decenas de trabajadores de talleres, encabezados por Díaz Redondo, alcoholizados, con la intención -lograda- de impedir que la página 22 del diario, donde 49 colaboradores del diario, bajo el título “¡Libertad de Expresión!”, denunciaban que pronto se vendría una agresión al ejercicio de la prensa libre en México”.
“Imposibilitados de hacer nada por impedirlo, nos dedicamos a hablarles a quienes a esa hora de la madrugada no estaban en el diario. Yo le hablé a Vicente Leñero y a otros. Laura y Roberto a los demás.
“Lo demás es historia: la espuria asamblea encabezada por Díaz Redondo. Gente empistolada que no pertenecía al diario. Los trabajadores de talleres, con sombreros gritaban: “La indiada ya votó”. En el tercer piso del diario (la redacción general) se realizó otra asamblea, encabezada -entre otros- por Scherer, Hero Rodríguez Toro, Miguel Ángel Granados Chapa. Ahí se decidió no aceptar los acuerdos de la asamblea reginista.
“Después, apostados en la dirección general, recibimos la visita de Víctor Payán, enviado de Regino, quien nos daba 15 minutos para salir “o habrá funestas consecuencias”. De común acuerdo, abandonamos el recinto de Reforma 18.
“Después del golpe, se realizaron sinfín de reuniones: que si recuperamos el diario, que sí, que no, que era una batalla perdida.
“La reacción de la sociedad civil fue apabulladora. Todos rechazaban el acto cometido. Inclusive en el auditorio Justo Sierra de la UNAM, Fernando Meraz -representante de los jóvenes periodistas de Excélsior- pronunció un memorable discurso, que arrancó goyas y gritos de apoyo al diario.
Las anteriores líneas las reproduzco con la confianza de tener el beneplácito del autor, el amigo Gonzalo Álvarez del Villar, que lo publicó el año de 2019 en la Gaceta de la UNAM. Lo tomo porque describe fielmente lo sucedido en la noche del 7 de julio y las primeras horas del 8, sin visos de llegar al panfleto, cuando se desarrollaron los principales sucesos de lo que ahora, a 50 años de distancia, se conoce todavía como “El golpe a Excélsior”.
Fue una conspiración desde los más altos niveles del gobierno nacional, encabezado por Luis Echeverría Álvarez, con la planeación a cargo del periodista Fausto Zapata Loredo, entonces subsecretario de la Presidencia, con la responsabilidad del trato con los medios de comunicación.
La traición fue posible por la colaboración de varios trabajadores de la cooperativa Excélsior, encabezados por Regino Díaz Redondo, periodista nacido en España -a donde regresó para disfrutar de la riqueza obtenida a cambio de debilitar a la institución y para morir- que se ganó la confianza de Julio Scherer García, el director, quien le dispensó tanto apego que lo hizo compadre y hasta le puso su nombre a una de sus hijas. Por eso es posible hablar de traición, pues sólo incurren en esa infamia las personas más allegadas.
Por esa confianza, Scherer influyó dentro de la cooperativa para lograr que su “amigo” fuese nombrado presidente del Consejo de Administración, cargo que dentro de la institución tenía casi el mismo poder que el director general. Esa posición la utilizó Regino para ganarse la simpatía de un numeroso contingente de cooperativistas, sobre todo de talleres y de administración a los que prometió llevarlos al mismo nivel que los “privilegiados” de la redacción. Esos fueron parte de los sombrerudos de los que hace referencia Álvarez del Villar.
El hecho es que se destruyó al que, sin duda, era el mejor diario de México, el cual, según estudios de organismos internacionales, estaba incluido entre los mejores del mundo. Los reporteros presumíamos sobre todo un análisis que supuestamente nos colocaba en el cuarto sitio en el ámbito mundial.
Por alguna razón que no quiso explicar, el director Scherer no quiso formar un nuevo diario y eligió crear una revista, a la que se tituló Proceso. “Para qué queremos un diario, si tenemos la mejor revista de México”, presumía.
Esa decisión ocasionó una división en el grupo que originalmente estuvo integrado por más de 300 reporteros redactores, correctores de estilo e intelectuales que daban prestigio a las páginas editoriales (muchos le dieron vuelta a la manzana y regresaron a la cooperativa).
El subdirector Manuel Becerra Acosta -hijo de otro prestigiado periodista del mismo nombre que fue director general, desde donde impulsó el periodismo independiente y crítico- encabezó una corriente que no deseaba abandonar el diarismo y así nació unomásuno, diario que se convirtió pronto en líder de los medios de comunicación nacionales, algunos de los cuales se nutrieron con el ingreso de antiguos miembros de Excélsior.
Los dos medios han venido a menos con el paso de los años. Proceso padece por la caída de la publicidad, por lo que dejó de ser semanario para publicarse mensualmente. Actualmente, en su directorio aparecen pocos ex trabajadores del diario paterno, la edad no perdona.
Tampoco quedan muchos en unomásuno, que ha registrado varias crisis, como el destierro de su director fundador, castigo atribuido al ex presidente Carlos Salinas de Gortari en revancha por un mal trato de parte del periodista, cuando era apenas candidato. Lo que me consta es que el ya primer mandatario, llamó en un aparte, luego de una gira internacional, al hijo de Becerra Acosta, Juan Pablo, y le expresó una especie de indulto: “dile a tu papá (que vivía en España) que ya regrese”.
La trascendencia de ese Excélsior fue posible por el trabajo colectivo de un cuerpo directivo de excelencia, en el cual estaban personajes como Hero Rodríguez Toro, que tuvo que renunciar al trabajo cotidiano como informador para dedicarse a la administración y cuidar el patrimonio de la cooperativa.
Ya mencioné a Menuel Becerra Acosta, pero además debo agregar a Miguel Ángel Granados Chapa, Miguel López Azuara, Jorge Villa(lobos) Alcalá, Guillermo Velarde, Pedro Álvarez del Villar, Arnulfo Uzeta, Leopoldo “Polo” Gutiérrez y otros más que lamentablemente no recuerdo de momento.













