El fútbol como pretexto para la balcanización digital de América Latina
* Destacadas, Deportes, Mundial 2026 miércoles 22, Jul 2026- Análisis de una fractura digital inducida
- El linchamiento sistemático contra la selección argentina expone los peligros de la manipulación psicológica masiva en redes sociales, donde el chovinismo deportivo es instrumentalizado para suplantar el criterio propio y fragmentar los lazos culturales de la región

En el Obelisco de Buenos Aires, millones de ciudadanos celebraron con fervor el trayecto deportivo de la escuadra albiceleste a su regreso a casa.
Por Arturo Arellano
Después de ver la ola de hostilidad y encono desmedido que inundó las plataformas digitales en contra del pueblo argentino, me planteé una interrogante fundamental: ¿debemos levantar la voz en un afán de frenar ese conflicto inventado? Nos encontramos ante una rivalidad sin sentido entre México y Argentina, una confrontación artificial de Latinoamérica contra Argentina, del mundo entero contra un solo país, cobijada bajo el pretexto y la máscara del fútbol. Inicialmente, intenté apaciguar la preocupación pensando que las redes sociales no representan la vida real. Sin embargo, este fenómeno trascendió la barrera digital. Esa inmensa carga de virulencia, dirigida primero contra Lionel Messi y posteriormente contra la selección albiceleste en su conjunto, mutó en una animadversión callejera, encono entre pueblos que resulta verdaderamente absurdo y que demanda ser frenado con profunda responsabilidad, firmeza y autoridad.
Frente a las pantallas, la interrogante se vuelve ineludible: ¿Qué tan triste debe ser la existencia de alguien para alegrarse genuinamente por los pesares ajenos? Que la única fuente de gratificación personal consista en contemplar la derrota de un enemigo estrictamente imaginario delata una profunda carencia emocional. ¿Qué tan vil tiene que ser un individuo para disfrutar del sufrimiento del otro? Esto ha dejado por completo de ser una legítima defensa de los colores patrios, del equipo local o el regocijo por las victorias propias; se convirtió en una macabra celebración de la tristeza del pueblo argentino. No obstante, para el infortunio de quienes esperaban verlos derrumbarse, la sociedad argentina no les dio el gusto. Por el contrario, salieron masivamente a las calles a conmemorar el histórico y virtuoso sendero de su selección nacional, no solo en la última justa mundialista sino a lo largo de los últimos años.
¿Será acaso que celebras la debacle de otros porque no has sido capaz de construir victorias propias? Esta preocupante distorsión me evoca entonces, a definitivamente alzar la voz de forma contundente en defensa de la fraternidad regional.
Mateo 7:3-5
Se ha criticado con justa razón cómo las lamentables declaraciones del reportero argentino Eduardo Feinmann, quien emitió comentarios despectivos y sumamente desatinados sobre la sociedad mexicana, terminaron por hacer quedar muy mal parados a los argentinos en el exterior. Pero, resulta de vital importancia resaltar y comprender que las posturas soberbias de personajes mediáticos de cuello blanco no representan en absoluto la opinión ni el sentir de la totalidad un país entero, un pueblo históricamente solidario y entrelazado con nuestra propia historia. pensar que lo que dijo ese periodista define a todo un pueblo argentino. Por favor. Es como decir que todos los mexicanos son violadores, asesinos y criminales como dijo Donald Trump. Es decir, ¿todos los norteamericanos son como Trump? Por supuesto que no.
Por otro lado, acusar de racismo a los argentinos, siendo mexicanos nos pone contra la pared, cuando las cifras nos indican que hemos sistematizado y normalizado nuestro propio racismo. Existen cifras que nos indican que, si bien la población blanca es una minoría en México, son precisamente ellos quienes concentran la mayoría de los cargos importantes en el sector privado y en la política. Es decir que, en México, la gente de piel clara tiene muchas más oportunidades de conseguir trabajo que una persona morena y que los indígenas de este país son desproporcionadamente más propensos a sufrir violencia jurídica, entre muchas otras desigualdades.
Y es donde quiero citar el pasaje bíblico Mateo 7:3-5: ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
En fin, el mensaje es claro, mexicanos, argentinos, colombianos, venezolanos, ingleses, españoles, hay gente de todo tipo, ¡hay de todo! Pero no debemos enredarnos por lo que está pasando en redes sociales. Mexicanos y argentinos tenemos que cuestionarnos y hacernos cargo de nuestro racismo.
Anatomía de una campaña de desprestigio
Que haya tanto odio contra Messi no me entra en la cabeza. Un tipo que tiene una carrera intachable; dentro de lo deportivo hizo cosas que nadie más ha logrado. Ya después, según tu pasión futbolera, puedes decidir si te inclinas más por Cristiano Ronaldo, Mbappé, Haaland, Maradona, Pelé, eso es meramente deportivo. Pero nadie puede negar que Leo tiene una carrera histórica, que no está metido en problemas, es respetuoso, educado, es un líder saludable, que suma a lo deportivo ¿Por qué odiar a un tipo que no le hizo nada a nadie?
Dejando a un lado la catarsis de mi opinión, es imperativo adentrarse de lleno en los hechos tangibles. En las últimas semanas se ha articulado una presunta campaña de odio meticulosamente construida en redes sociales orientada a erosionar la figura de Lionel Messi, deslegitimar a la selección argentina y escalar hasta una hostilidad generalizada contra todo el país, al cual se le acusa en bloque de racismo y supremacismo cultural. El epicentro analítico de esta denuncia cobró fuerza internacional a raíz de una exhaustiva publicación compartida originalmente por una cuenta especializada en narrativas digitales identificada como @therosieum, la cual acumuló rápidamente más de 6 millones de visualizaciones en la plataforma X.
El texto, redactado originalmente en inglés, se titula «Why Everyone Suddenly Hates Messi: A Propaganda Breakdown» («¿Por qué de repente todos odian a Messi: un desglose de la propaganda»). Su autor se presenta como un estratega profesional cuyo trabajo diario consiste en «dar forma a narrativas» dentro del ámbito del marketing y la comunicación corporativa.
Mediante un riguroso examen técnico, el especialista analiza cómo, dónde y por qué se estaría construyendo esta agresiva campaña de desprestigio contra la escuadra albiceleste. A continuación, se presenta de forma íntegra el texto de dicho análisis:
¿Por qué de repente todos odian a Messi?: un desglose de la propaganda
En 2022 el mundo celebró a Lionel Messi como campeón del mundo. Hoy, en redes sociales, muchas personas lo señalan como tramposo o villano. Más allá del fútbol, este cambio sirve para entender cómo se construyen y difunden las narrativas en Internet.
Etapa 1: El giro. Dentro de la cancha casi nada cambió: Messi sigue siendo el mismo jugador, con compañeros y arbitrajes similares. Lo que sí cambió fue la forma en que los algoritmos de redes sociales distribuyen el contenido, favoreciendo los videos polémicos porque generan más interacción.
Etapa 2: Cómo empieza una campaña. Las campañas suelen comenzar con hechos reales, pero presentados sin contexto: una falta aislada, una decisión arbitral incompleta o un clip recortado. El algoritmo impulsa los contenidos que provocan más reacciones. Con el tiempo, la repetición hace que esas versiones parezcan verdades aceptadas, incluso para personas que apenas siguen el fútbol. Diversos estudios muestran que las noticias falsas viajan más rápido y más lejos que las verdaderas, porque la indignación y el conflicto captan mejor la atención.
Etapa 3: La capa pagada. No todo lo que parece contenido espontáneo lo es. Existen campañas coordinadas con cuentas falsas, redes de creadores y estrategias de difusión que buscan instalar determinadas narrativas. Plataformas como Meta han eliminado miles de cuentas vinculadas a este tipo de comportamientos.
Etapa 4: ¿Por qué funciona en nuestro cerebro? Las personas no reaccionan solo a los hechos, sino a la imagen que construyen de ellos. La psicología describe el «efecto de verdad ilusoria»: una afirmación repetida muchas veces termina pareciendo verdadera, aunque sea falsa. No suele ser un solo video el que cambia una opinión, sino la repetición constante de mensajes similares.
Etapa 5: El grupo de control. El caso de Messi resulta interesante porque es uno de los deportistas más documentados de la historia. Aun así, muchas personas creen narrativas que pueden verificarse fácilmente. Si esto ocurre con alguien cuya carrera está registrada durante más de veinte años, resulta aún más preocupante en temas como política, guerras, economía o salud, donde verificar la información suele ser mucho más difícil.
Etapa 6: La aceleración. La inteligencia artificial ha reducido enormemente el costo y el tiempo para producir contenido masivo. Lo que antes requería grandes recursos hoy puede hacerse con mucha más facilidad y velocidad. La verdadera preocupación no es Messi, sino la facilidad con la que cualquier persona, empresa o acontecimiento puede ver transformada su reputación mediante campañas digitales.
La gran lección es aprender a detenernos, verificar la información, buscar contexto y no convertir una narrativa repetida en una verdad sin antes contrastar los hechos.
“Te están manipulando?: El efecto de verdad ilusoria
Para comprender la efectividad y el alcance real de estos mecanismos de persuasión coercitiva digital, es fundamental adentrarse en los postulados de la psicología cognitiva. El fenómeno medular descrito en el análisis previo se conoce formalmente como el «efecto de verdad ilusoria», investigado originalmente en 1977 por los psicólogos Lynn Hasher, David Goldstein y Thomas Toppino. Esta distorsión cognitiva se fundamenta en un principio operativo del cerebro humano: el procesamiento de la información por fluidez cognitiva. Cuando un individuo se expone de forma reiterada a un estímulo verbal o visual, la familiaridad con el mensaje reduce el esfuerzo mental requerido para procesarlo. El cerebro, de forma errónea, confunde la facilidad de procesamiento y la familiaridad con la veracidad factual.
En el caso específico de la campaña contra la selección argentina y Lionel Messi, el efecto de verdad ilusoria se despliega mediante la saturación masiva de los feeds de navegación. Un usuario promedio no modifica su juicio ético a partir de una única pieza audiovisual; lo hace de forma inconsciente tras visualizar decenas de videos cortos editados con música incidental de suspenso, subtítulos tendenciosos y cortes abruptos que se repiten incesantemente en sus pantallas. La aseveración sin sustento factual de que existieron «ayudas arbitrales sistemáticas» o de que «toda la población argentina comparte visiones supremacistas» termina por asentarse como un axioma irrefutable en la mente del espectador debido a la exposición repetitiva y omnipresente de estas premisas.
La historia de la comunicación de masas registra ejemplos sumamente alarmantes y trágicos donde este sesgo psicológico fue explotado de manera estructurada y masiva. El caso más paradigmático se encuentra en los postulados de la propaganda política del siglo XX, fundamentados en la máxima de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad histórica. En la era contemporánea, este método se ha empleado con un éxito devastador en campañas de desinformación electoral, como los procesos referendarios y presidenciales de mediados de la década pasada en Occidente, donde perfiles de usuarios fueron segmentados psicológicamente para sembrar narrativas xenófobas y teorías de la conspiración en materia de salud pública y economía global. Estas dinámicas logran alienar por completo a la población, despojando al individuo de su capacidad reflexiva elemental, obligándolo a adoptar dogmas hostiles e intolerantes en detrimento de la cohesión comunitaria.
La toxicidad de los algoritmos y la ideología destructiva
El entramado técnico de las redes sociales actúa como un catalizador y amplificador de estas patologías sociales. El diseño de los algoritmos de recomendación de plataformas modernas, conceptualizados bajo modelos de adicción y retención de la atención, no está programado para priorizar la verdad ni la concordia. Su único objetivo de negocio es maximizar el tiempo de permanencia del usuario en la pantalla. Las emociones que reportan una mayor tasa de interacción digital, clics, comentarios compartidos y visualizaciones extendidas son la indignación, el enojo y el desprecio hacia un tercero.
Consecuentemente, el sistema premia y distribuye masivamente el contenido tóxico y polarizante, sepultando las aclaraciones contextuales o los llamados a la reconciliación.
Introducir a las masas dentro de una ideología destructiva fundamentada en el linchamiento digital es una práctica sumamente lamentable. El peligro radica en que la plataforma digital crea cámaras de eco donde el usuario únicamente escucha la reafirmación de sus propios prejuicios, convenciéndose de que su hostilidad forma parte de una cruzada moral legítima. Para protegernos de esta virulencia y evitar caer en manipulaciones tan burdas, resulta indispensable ejercitar una higiene digital estricta: limitar el tiempo de consumo pasivo, diversificar las fuentes de información, desactivar la reproducción automática basada en recomendaciones y, ante todo, aplicar una pausa escéptica antes de reaccionar o compartir cualquier pieza diseñada específicamente para apelar a nuestras vísceras emocionales.
Fraternidad latinoamericana ante la infamia digital
En este escenario, considero imperativo establecer una postura frontal y categórica. ¿No te agrada Lionel Messi? ¿Te cae profundamente mal la selección argentina? Está bien, es enteramente válido en el libre terreno de las filias y fobias deportivas. Sin embargo, de ahí a desplegar ataques sistemáticos, celebrar sus tropiezos humanos y profesionales como si la vida misma te fuera en ello, y basar tu felicidad efímera en la derrota ajena, es una conducta que habla con mucha mayor elocuencia de tus propias carencias que de los supuestos engreídos y arrogantes que pretendes criticar. Catalogar a los argentinos bajo esos adjetivos reduccionistas implica generalizar de una forma inmadura, torpe e injusta a la totalidad de un pueblo hermano por las acciones u opiniones aisladas de unos cuantos individuos.
Pretenden meter a todos los hermanos argentinos en el mismo cajón de la soberbia o el racismo. Proceder de esa manera es tan absurdo y aberrante como aceptar sumisamente la premisa de que todos los mexicanos somos narcotraficantes, violentos, delincuentes o feminicidas ante los ojos del mundo. Y eso, bajo ninguna circunstancia, está bien ni responde a la realidad. Hago un llamado enérgico y fraterno a no dejarse manipular por las redes sociales y a edificar un criterio propio, robusto e independiente. Reafirmo mi postura inquebrantable en contra del odio, de la xenofobia y de cualquier manifestación discriminatoria, invitando a los lectores a no sumarse a este tipo de narrativas nocivas organizadas en el ecosistema digital.
Los pueblos mexicano y argentino somos, ante todo, hermanos de patria grande. En mi experiencia y caso particular, tengo la fortuna de contar con amigos entrañables y conocidos de origen argentino; me duele en el alma, por el profundo cariño que les profeso, constatar la agresión injusta, generalizada y desmedida que están padeciendo en diversas plataformas. Es una realidad innegable que en todos los países existen brotes de racismo, focos de violencia y dinámicas negativas de las cuales avergonzarse. Sin embargo, lo que verdaderamente nos ha unido a lo largo de la historia es la riqueza inagotable de nuestra cultura, la pasión del deporte bien entendido, las letras compartidas, la música y el arte popular. No permitamos de ningún modo que unos cuantos personajes de cuello blanco, a través de pantallas frías y algoritmos deshumanizados, fracturen nuestra unión. Los latinoamericanos somos infinitamente más fuertes cuando caminamos unidos.
La generalización sistemática constituye la madre y la semilla de la mayoría de los conflictos bélicos y sociales de la humanidad. En lo que respecta a la figura de Lionel Messi y su legado histórico en el deporte universal, vale la pena rescatar y grabar en la memoria colectiva aquella célebre e imperecedera frase del exfutbolista y pensador Jorge Valdano: “El que no quiere a Messi, no quiere al fútbol”. Despojémonos del encono virtual y abracemos la fraternidad que nos define fuera de los algoritmos.














